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miércoles, septiembre 18, 2013

PIEDRA DE GIRONA

Me quedo mirando la fachada de una casa en Terrassa. Está hecha con piedra caliza, la denominada Piedra de Girona, que está repleta de fósiles de nummulites y equinoideos.
Sale una mujer de la peluquería.
-¿Pasa alguna cosa en la fachada? -Mira hacia arriba.
-No. -La tranquilizo-. Estaba mirando estos fósiles que hay en la pared.
-¿Eso son fósiles?
-Si. -Y le señalo algunos de ellos.
Los mira con detenimiento y luego, dirigiéndose a mí, me hace la pregunta clave:
-¿Y quién los ha puesto ahí?
Nummulites y erizo 

Nummulites, púa de erizo y fragmento de concha

miércoles, julio 01, 2009

CONVERSACIONES MUNDANAS

La moza que tengo a mi izquierda le señala, a la que tengo a mi derecha, una foto de un catálogo de vibradores.
-Yo tengo este, en lila.
Estamos sentados formando una elipse a lo largo de toda la sala de reuniones, esperando que se acabe la despedida por jubilación de una compañera y empezar, diosssss, las ansiadas vacaciones.
-Es lo más de lo más. Lo último.
Acaba de cumplir los 30 y habla, como si hablara de ordenadores o de móviles, con otra que es algo más joven. El destino ha hecho que esté en medio.
-Se mueve así y así -y gira los dedos en sentidos mareantes.
-¿Es como el Pearl Harbour? -pregunta la otra. -No me gustaba el tacto, era como de bolsa de Caprabo.
-No, este tiene un tacto más suave. Además no es tan rígido... El que me da un poco de yuyu es este- y señala uno en el que una parte acaba como con dos cuernos.
-Si, parece que tiene una lengua bífida. -Y sonríe medio de lado dando a entender que la frase tiene más de un sentido.
-Como los bífidos bioactivos. -Digo yo por decir algo. -Una de ellas sonríe benevolentemente.
-Este es superchulo, esta parte es para la penetración y al mismo tiempo esta parte te trabaja el clítoris.
En el grupo de jovencitas que hay más a mi derecha y que tratan del mismo tema la conversación es más animada.
Las que me rodean han llegado a la conclusión que el vibrador que han regalado a la jubilada es el adecuado para ella.
-Negro y con diamantes en la base. Es de señora. Como ella.

miércoles, junio 17, 2009

TE LO JURO POR DIOS

Es el metro de la medianoche. Subo en Catalunya, no está lleno. Tres jovencitas extranjeras están sentadas riendo, supongo, de tonterías y del efecto del alcohol en sangre. Dos parejas están de pie delante mío. Ellas diría que son inglesas pero puede que sean de Móstoles (Madrid). Una de ellas no tiene los dientes lo que se dice regulares ni proporcionados, ellos son de aquí, aunque a lo mejor son de Thurso (Escocia). He abierto Historia argentina de Rodrigo Fresán. Quizás porque el libro no me acaba de pillar o porque el rosado que me he bebido me ha dado una sensibilidad especial noto que el tipo que tengo a mi derecha está demasiado cerca. Me lo miro y con un tono que desconozco le digo:
-¿Qué coño estás haciendo?
-Nada -responde el tipo tranquilamente.
Llevo la mano a las bermudas y noto que el botón del bolsillo está abierto.
-No me toques los cojones. ¿De qué vas? ¿Quieres robarme o qué?
El tipo sonríe.
-Lo siento. Te lo juro por Dios que pensaba que eras turista. -Lo dice con un ligero tono extranjero. Y sin prisas pero sin pausas desaparece en la estación de Liceo. No sé por qué el hecho de que jure por Dios hace que desaparezca mi agresividad.
Nadie parece que se haya dado cuenta. La chica de dientes improbables recita un trabalenguas en inglés al chico con el que parece que hay química. Este no parece inmutarse y con la seguridad de que todo ya está vendido le responde con Tres tristes tigres comen trigo en un trigal.

martes, mayo 13, 2008

JUSTICIA

Estoy leyendo en el pasillo de un juzgado lleno de gente cuando una pareja de mossos trae esposado a un joven de veintipocos, moreno, bajo y delgado. Con patillas largas y recortadas. Al pasar esboza un beso a la chica que está mi lado. Esta debe ser muy joven, unos 18 o 19 años máximo. Lleva el pelo largo tintado de castaño claro y recogido en una cola. Se le humedecen los ojos. Recojo mis bártulos y casi enseguida me llaman y me hacen pasar.
Nos encontramos, por primera vez en nueve meses, frente a frente. Su mirada es huidiza.
El tribunal: un juez, a su izquierda una fiscal y a su derecha otra mujer con una melena inflada rubia. Deben rondar la cincuentena. El juez pide que me levante y narre los hechos. Lo hago, dos individuos intentan robarme en el metro de Verdaguer (a la quinta frase debo parar para coger aire y hablar más pausado). Tengo unas palabras con ellos e intentan escapar. Pillo a uno, el que tengo ahora al lado. Fin del relato.
La fiscal me hace tres preguntas sobre detalles. Después pregunta al acusado. La primera es si está de acuerdo con lo que he contado. Dice que si. Le preguntan de que trabaja, él responde que no entiende. Le preguntan que nacionalidad tiene, la dice. Qué dónde vive, no lo entiende pero al repetirla dice que en Granollers. Qué cuanto gana al día... Le preguntan al derecho y al revés y a este parece que le cueste entenderlas.
La fiscal suelta una perorata técnica sobre artículos y disposiciones legales y pide cinco días de control domiciliario. El juez dicta sentencia y le caen esos cinco días controlados. Le preguntan si está de acuerdo, responde que no entiende, que su esposa habla mejor el español.
Nos dirigimos a la secretaria para que nos notifiquen la sentencia, y para que pasen los siguientes al tribunal. La secretaria le cuenta al acusado que esos cinco días no le cuentan ya que está en la cárcel. Él no lo acaba de entender, le despachan con que ya se lo explicarán a su mujer y que ya se lo pensará en la cárcel si quiere recurrir.
Me pongo delante de la secretaria.
-¿Ya está?
-Sí. ¿Quería algo más?
-No pido que lo ejecuten, pero he tecleado en google su nombre y aparece un montón de veces relacionado con robos. Los vigilantes del metro dicen que lo habían detenido tres veces esa semana. Es la cuarta mañana que pierdo por venir aquí.
Dicho esto me quedo más tranquilo.
Lo cierto es que a pesar de intentar estar resentido contra él recuerdo su cara de asustado con el perro de los vigilantes ladrándole a un palmo de su cara. O despidiéndose de los mossos, de los vigilantes y de mi con un gracias. Como si lo hubiéramos invitado a unas tapas. Aceptando todo sumisamente.
-La fiscalía, -me informa la secretaria- no acumulan este tipo de hurtos. Es la legislación vigente. De todas maneras si está en la cárcel no es por este tipo de robos. - Y deja en el aire el que yo imagine que ha podido hacer.
Lo vuelvo a ver de refilón, se lo llevan y él busca casi de puntillas para poder ver, aunque sea un momento a su mujer. A ella la encuentro más tarde con un papel en la mano. Una pareja que supongo que creía que venía a un paraíso y de momento solo deben conocer la parte oscura.

sábado, abril 26, 2008

CON LA NIÑA COMPRANDO

Voy a la pollería a comprar huevos. Hay una joven morena con dos coletas y ojos verdes que atiende a una señora mayor. Hay otra que espera y al verme me deja pasar.
-Pasa, pasa delante. Yo tengo un nieto, así, como esta.
Llevo a la niña en una mochila. Nunca me habían dejado pasar delante de una cola.
La señora sigue.
-Es muy guapa. ¡Y qué pelo!
-Sí -afirmo- nació con mucho pelo.
-Ya no se le cae -asegura la otra señora que acaba de ser atendida. -Si no se les cae enseguida ya les dura.
-Mi nieto es pelón -dice la primera señora.
La niña se pone a llorar y me voy con mi docena de huevos.
En la frutería pido tanda.
La mujer que tengo al lado, de unos treinta y pocos, sonríe a la niña y le dice cosas.
-Qué grande que es. ¡Qué guapa, y cuanto pelo! -Las mujeres que hay lado confirman las dos cosas. -¿Qué tiempo tiene?
-Anteayer cumplió tres meses.
Ah! Mi hijo tiene también tres meses . En la mochila se ve más bajo.
-Bueno, tiene diferentes niveles para graduarlo.
-Es que no es tan grande.-Reconoce finalmente. Toca la pierna disimuladamente de mi niña- ¿Solo toma leche materna?
-Sí.
-Yo le mezclo, no ganaba peso. Tiene una piel muy fina. El mío tiene como granitos.
-¿Llora mucho?
-No, hemos tenido mucha suerte.
-La mía llora -miento no sé muy bien por qué. Para confirmarlo la niña se pone a llorar.
Voy a la ferretería. Hay dos hombres despachando y otro comprando. Me preguntan que deseo y les comento que cable telefónico. Hablamos sobre cuestiones técnicas y no me hace nadie ningún comentario sobre la niña. La niña no llora.
Paso por delante de un puesto de la ONCE compruebo números que había comprado casi un mes antes. No ha tocado nada, ni siquiera corresponden sus números finales con ningún otro número en estos 26 días del mes. Una señora que está comprando se fija en la niña, la vendedora, la madre de un joven discapacitado, se pone tierna.
-Que preciosidad. ¡Qué pelo! Yo voy a ser abuela un día de estos.
La otra señora cincuenta y muchos coloca el cupón que ha comprado en su billetero.
-Está muy sanota. ¿Qué se alimenta solo de teta?
Afirmo.
-Es lo mejor. Yo tengo tres hijos, dos hijas y un hijo y todos han mamado todo el tiempo que han podido. Y así están: guapos, inteligentes y sanos.
-Y no es que lo diga la madre. -Comento.
-No, es cierto. Bueno, una cosa es tener hijos y luego el trabajo. Las chicas se han colocado bien pero el chico. Y eso que tiene dos carreras. Hizo fotografía en la universidad. Y luego periodismo. Pero... en fin. No tengas muchos hijos.
Voy a la panadería, las dos dependientas y la dueña paran lo que están haciendo, entre ellas atender a dos clientas.
-¡Qué preciosidad! ¡Cuanto pelo!
-Si, nos gastamos un dinero en los implantes capilares.
La dueña, cincuenta y pocos, se acerca y la mira con ojos tiernos.
-Els que els feu de gran els bordeu. El meu germà també el ha tingut gran i ha sortit preciós.(*)
Hago que no me afecta que me llame viejo y pido una barrá de pan. La niña se pone a llorar.
Yendo para casa, en un semáforo, una joven con una ligera cojera la mira.
-¿Cómo se llama?
-Anna Júlia.
-Es muy guapa. Felicidades.


(*) Los que tenéis hijos cuando sois mayores los bordáis (los hacéis muy bien) Mi hermano también lo ha tenido mayor y ha salido precioso.

sábado, abril 12, 2008

EN EL SUPERMERCADO

A la cajera del supermercado, una señora entrada en la treintena, rubia y regordeta, le doy el vale de descuento.
-¿Me muestra el carnet de socio por favor?
-No lo llevo.
-Lo siento mi amor, no puedo aceptárselo si no me muestra el carnet.
-En el vale está mi nombre y supongo que el número del carnet.
-Lo siento mi amor, es cosa de la computadora.
-Ya.
-Es una pena mi amor.
-Otra vez será.
¿Cómo puedes discutir con alguien que te llama amor y no es tu pareja?

jueves, septiembre 20, 2007

CITAS

Acudo a la cita. Nos vimos una sola vez hace un año y pico. Soy puntual. Entro en la habitación. Me sonrie. Le sonrío y la saludo. No la hubiera reconocido en la calle. Me pregunta que cómo estoy. Qué cómo ha ido este año y pico que no nos hemos visto. Le respondo que bien, pero que cada vez más calvo. Supongo que lo digo con cierta gracia porque se rie. Debe tener unos cuarenta años. Alta, grande, pelo castaño, ondulado, que le llega hasta los hombros y arrugas que lleva con galanura. Me fijo en sus uñas, pintadas con un esmalte blanco semitransparente y recortadas con esmero. Me dice que no me ponga nunca un peluquín. Le contesto que antes calvo que perder la dignidad con un peluquín que se debe ver desde el meteosat. Vuelve a reir aún más que antes. Se ha roto el hielo. Es una profesional y como quien no quiere la cosa me indica sin señalar que me vaya desnudando. Me bajo los pantalones y antes de hacerlo con los boxers pienso si no llevaré aquellos que se han empezado a agujerear. Me bajo todo con decision y segundos después ella me penetra.
Cuando todo ha acabado y mientras se quita los guantes de latex, sonriendo me cita para el año que viene. Que a partir de los 50 se ha de vigilar la próstata.
Y yo que pensaba que tener citas sexuales con desconocidas en lugares públicos y gratis era una quimera.
PS
Una uróloga es una mujer de las que te fijas antes en sus uñas que en su culo.

viernes, agosto 03, 2007

VOLTA AL AUTENTIC BORN

En la estación de los catalanes de plaza España me muevo con más inseguridad que en la estación de ferrocarriles de Pequín Oeste. Pregunto a un empleado cual es la vía por donde sale el tren que va a Olesa de Montserrat, me dice que la cuatro y me muestra cuatro dedos de su mano derecha. Solo veo dos andenes. Él me indica un pasillo. Bajo despistado, el empleado me chista y me vuelve a mostrar los cuatro dedos. Me dirijo a uno de los trenes y entonces él me señala (como si hubiera perdido la paciencia conmigo) cual es el tren. Subo, está lleno y todos son extranjeros. Guiris que van a pasar el día a Montserrat. Menos una pareja que parecen del país. Suben corriendo dos jovencitas japonesas y preguntan en inglés si es el tren que va a Montserrat. La pareja que pensaba que son del país les contesta con un inglés de Eton que si, que es este. Los letreros indican que la temperatura exterior es de 27º. Debe ser en el exterior, en el interior sin aire acondicionado debemos rondar cerca de los 40º. La gente dormita o se abanica con un folleto turístico.
Bajo en la estación, hace más de 30 años que no piso Olesa. Pregunto a un hombre por el ayuntamiento, este me responde en castellano y con un ligero acento andaluz. Como se ve que tengo hoy la cara de despistado me acompaña hasta la esquina más próxima para indicarme el camino. Camino que descubro 200 metros más tarde que es erróneo.
Al final consigo llegar al juzgado de paz. Un edificio moderno e impersonal. Vengo a buscar una partida de nacimiento. Los dos armarios metálicos y funcionales están abiertos y muestran tomos de registros de nacimientos, defunciones, matrimonios... Algunos están fechados en mil ochocientos y pico. Me traen el tomo donde se encuentran mis datos. La mujer comenta que es un tomo viejo, le respondo que tiene exactamente 50 años. Al ver mi interés por los registros antiguos, se medio queja de que ahora lo van a digitalizar y ya no podrán tocarlos. Leo la fotocopia, todos los datos que me suenan casi desconocidos, sonrio cuando leo lo de es HIJO legítimo. Y al final la firma reconocible de mi padre.
Salgo a pasear por el pueblo, solo reconozco la calle de la iglesia y su plaza ahora repleta de coches. Me paro en la plaça de les fonts. Hay un mamotreto rectangular de donde salen agua a través de siete máscaras de bronce. Todas son iguales menos la del centro que parece un diablillo con cuernos.
Le hago una foto y una señora mayor, con el pelo corto y blanco me dice con deje argentino que ella tiene fotos de la fuente antigua. Bebo agua y un hombre de mediana edad que está llenando una botella fontvella de litro y medio me asegura que l'aigua que surt de la boca del dimoni és més bona.
Vuelvo a la estación mirando con ojos de turista. Aquí el único turista soy yo.

lunes, julio 16, 2007

EN COMISARIA

Subo al departamento de invitaciones y nacionalidades. Hay una docena de personas esperando entre el descansillo y las escaleras. En las paredes hay un impreso enganchado con celo informando sobre cuales son los documentos que hacen falta para invitar a una persona a entrar al pais. Delante mío hay joven con casco me informa que es el último. Cuesta adivinar el origen de la gente. Hay una mujer con el pelo largo, canoso y despeinada que habla en catalán al que parece ser su hijo.
-Ja ha passat més gent. La culpa es teva per que t'has anat. Ha passat gent que ha vingut després que nosaltres.
El hijo, nervioso, se sienta a su lado e intenta tranquilizarla aunque ella continuará con la misma cantinela hasta que entren en el despacho.
Lo cierto es que hay cierto caos y nadie parece seguir un orden. Sé detrás de quien voy pero parece que soy el único que lo sabe. Uno de los funcionares pregunta quien es el siguiente. Hay unos instantes de indecision y entra la señora mayor y su hijo. Detrás del umbral de la puerta hay una sala rectangular con varias mesas arrimadas a la pared, hay tres hombres cincuentones que atienden. Los de la mesa del fondo se levantan, el hombre que les ha atendido se acerca a nosotros y pregunta por el siguiente para nacionalidades. Lleva una camisa azul clara, tensada en el abdomen, con los botones del cuello abiertos y una pistola enfundada en el cinturón. Parece exagerado llevar el arma dentro de una oficina de informacion. Se produce otro pequeño revuelo sobre el orden y pasa una pareja que parecen peruanos. Intento aclarar el orden hasta donde recuerdo. Sigue habiendo una docena de personas pero siguen sin saber quien tiene delante. Se acerca el cincuentón más cercano a la puerta, es canoso y lleva una camisa blanca, pregunta quien es el siguiente. Hay dos jovenes que hablan con acento porteño, ¿son ellos u otra pareja? Hay cierta confusion. El funcionario pide orden con un acusado acento andaluz.
-Deben ponerse de acuerdo. No querrán que encima tenga que darles yo el orden. No sé como será en sus paises pero en cataluña se pide la tanda - y levanta la mano didacticamente-. Si aquí que somos pocos no nos ponemos de acuerdo, cuando vayan al camp nou...
La gente asiente respetuosa y dos intentan aclarar cual de los dos estaba antes que el otro. Vuelve a hablar el de la camisa blanca:
-Si no se ponen de acuerdo les saco a todos fuera a la calle y allí se aclaran.
La gente no dice nada y un joven pasa. Un magrebi alto, corpulento y con el pelo corto le pide si le pueden dar una copia del folleto que esta colgado en la pared.
-Ha de esperar como todo el mundo, a ver si se piensa que los demás están esperando el autobús.
El magrebí se queda callado y el funcionario se va. Un joven sentado con una oriental, le dice al magrebi:
-No te lo pueden dar, si no dejarías de perder el tiempo.
Es español y de clase media. Queda sobreentendido que tanto él como yo podemos decir lo que queramos, a nosotros no nos pueden amenazar. El español sigue:
-Lo peor es que nos tratan como si fueramos tontos. Que les cuesta poner esta documentacion en la página web. Pero no, no lo harán. Si hasta para pegar el papel en la pared lo ponen torcido.
Han pasado apenas un par de minutos cuando el de la camisa blanca ha acabado, se levanta, se cuelga una mariconera y sale cruzandose con nosotros,
El español continua:
-Si hasta la carnicería más cutre tiene un aparatito que da números para poner orden. ¿Qué les puede costar? ¿30 euros? Ya se los pago yo.
Se ha roto el hielo y empiezan a hablar: de sus experiencias, de tiempos de espera, registros, documentos, formalidades que se han de cumplir, de algunas que eran necesarias cuando empezaron y que ya no se necesitan. Hace apenas 15 días que ha cambiado la normativa. El español está casado con la vietnamita y no sabe con cual de las dos burocracias está más contento.
-Si se fijan -insiste- verán que no hay teléfonos en las mesas, con lo fácil que sería obtener información por teléfono, claro que tampoco lo cogerian. Les pedí el teléfono y no me lo quisieron dar.
Un hombre, que tiene entre los papeles un libro con el título el poder de la oracion, consiguió el teléfono, lo pidio al 010. Lo dicta a quien se lo pide.
Las informaciones y las dudas más importantes parece que se aclaran. Solo falta, cuando entremos en el despacho, confirmarlo oficialmente.

sábado, junio 30, 2007

EN EL AUTOBÚS

Se sienta en el asiento del pasillo. Es alta, morena, de treinta y pocos años pero lo que más destaca es que el iris del ojo derecho está cubierto de una capa blanquecina. Algo azulada. No me atrevo a mirarlo fijamente.
-Eres americano?
-No, español.
-Tengo una hermana en España trabajando y dos hermanos que viven en estados unidos, uno en Florencia.
-Florida?
-No, Florencia, una ciudad de estados unidos y otro en Massachussets. Antes vivía en Boston.
Pregunta a los de detrás si le pueden prestar dos reais (menos de un euro), pregunta a otros que están aún más atrás. Hay un breve dialogo pero no los consigue. Lleva una bolsa con fruta. Saca un plátano y se lo come, me ofrece uno. Acepto. Guardo la cáscara en la mano. Ella la tira por la ventana y me hace el gesto de que la imite. Está pasando el revisor y me pide dos reais. No apela a la solidaridad, ni a la compasión, lo pide como si me pidiese cambiar de asiento. Se los doy. Espero que no quiera compensarme dándome conversación. Como si me leyese el pensamiento está un rato mirando el paisaje. Me pregunta si he probado una comida típica de aquí, el nombre me suena y estoy seguro que lo he comido pero no me acuerdo que es. Me dice que ella lo hace en su casa y luego lo vende. Pongo cara de que interesante pero no estoy interesado en comer. Sonríe, siempre sonríe. Extrae de una especie de agenda un par de fotos, en una está ella sentada bajo un árbol y con dos niñas en su regazo. A su lado hay otro par de jovencitas con niños también alrededor, son sus hermanas y sus sobrinas. Me aclara que la foto es antigua, que ahora tiene una tercera hija. Su hermana de España le ha ofrecido ir a trabajar de asistenta, pero ella no se atreve ir de ilegal. Me cuesta controlar el no quedarme mirando su ojo derecho.

jueves, junio 28, 2007

ABOGADA, DIOS Y LA MADRE QUE LOS PARIO

Quedamos con la abogada en una lancheria (una especie de granja) que está enfrente de una iglesia aparatosa (Igrejia da paz). Hay una torre coronada por un globo terráqueo enorme que gira alrededor de una paloma estilizada. Hoy se congregan todos los feligreses de la ciudad, vienen de todo santarem en autobuses fletados para la ocasion. En el 2010 esperan que toda la poblacion sean miembros de esta iglesia. Por todo brasil hay un montón de iglesias evangelistas a cada cual con el nombre (para mi) más estambótico: igrejia quadrangular, igrejia episcopal carismática, igrejia mundial do poder de jesus... (me produce curiosidad como deciden que adjetivo ponerse nacionales, mundiales, internacionales, universales...). Todas vienen de eeuu y todas mueven muchísimo dinero. En esta los feligreses dan un 10% de sus salarios a la congragacion. La abogada, que es familia lejana de laise, habla con voz pausada, inclinada hacía la mesa. Va desgranando el tema que nos ha reunido. Cuando ha acabado le pregunta: Crees en dios?
Se hace un silencio. Ni tenemos ganas de entrar en discursiones personales ni tampoco enfadarnos con ella. Ella sigue, dice que dios no engaña ni miente y que puede ayudar en los momentos duros de la vida. La madre que la pario. No es para eso que se busca un abogado. Se cambia de tercio y me dice que no aparento la edad que tengo, me pregunta cual es el secreto, le digo que practicar mucho sexo. Yo seguiría hablando del sexo anal, de la coprofilia y otros temas de interés pero laise me mira desaprovadora. De todas maneras ella no me entiende o no quiere entender.
Al cabo de unos dias llega una factura, es absolutamente desproporcionada para el tema que se le ha pedido. Por supuesto que no va a ser pagada esa cantidad, y menos para que un 10% de ella vaya a los bolsillos de un embaucador.

miércoles, mayo 30, 2007

EN LA FACIENDA BOM JESUS

Vamos a la facienda bom jesus. La administra Eva. Es una mujer en la cincuentena, con energía y dulce. Es veterinaria, profesora de universidad, escritora y poetisa. Lo que se dice polifacética. La facienda tiene 6.600 hectáreas, bueno, alguna más pero no vamos a discutir por unas hectáreas más o menos. Incluye manglares, prados, bosques... Y unos mil búfalos. En este instante pienso en pedirle en matrimonio. Nos muestra los diferentes tipos de búfalos (llegaron del continente asiático) los tocamos, nos subimos a ellos. Hay otro turista que toca al animal como si comprobara la consistencia de un colchón. Miro a su mujer que tiene cara de antipática. La entiendo. Paseamos por los caminos. Eva y Laise me van diciendo tantos nombres de plantas y pájaros que mi capacidad de retenerlos se satura. Hay varias especies de ibis (el escarlata es simplemente hermoso), martin pescador, garzas, gavilanes... Un gavilán intenta atacar a una cria de un teu teu, cuatro de estos se lanzan en picado contra él chillando, a pesar de que son más pequeños consiguen que huya. En la lontananza se ve una edificación es de la hermana de Eva. No puedo resistirlo más y le pido delante de todo el mundo que se case conmigo, o su hermana. Ella sonríe, no me dice que si, pero tampoco se niega. Siempre queda la esperanza. Laise me muestra un hormiguero de formigas de fogo, le pregunto como lo sabe, me cuenta que es por que es el único que sobresale, pero la clase acaba, las cabronas atacan. ¿Cómo es posible que una hormiga que debe medir dos-tres milímetros pueda hacer tanto daño? Uno de Sao Paolo afirma que el veneno es bueno para el reúma, la artrosis, la artritis y no sé cuantas cosas más. Levanto el puño y grito: Viva la artritis!

viernes, mayo 11, 2007

HERENCIAS

De mi madre heredé la curiosidad por conocer el por qué de las cosas (el per què de tot plegat) y una sordera. Ella, en las conversaciones sobre todo cuando había mucho ruido ambiental no oía mucho, pero interactuaba: asentía, ponía cara de poquer, negaba, interrogaba con la expresión facial e incluso reía por los comentarios graciosos que decían los otros. Los más allegados sabíamos que no había entendido casi nada pero sus habilidades sociales permitían que nadie sospechase.
Ayer en una cena con unos brasileiros dinámicos y alegres y una pareja de franceses algo más apagados y monolinguistas, me tocó en un rincón de la mesa estar con estos últimos. La conversación fluyó en francés. Al final de la cena laise me reprendio por mi modestia, le había asegurado que no hablaba francés y ella había visto que comprendía todo.
No me quedó otro remedio que confersarle la verdad. Aprendí más cosas de las que suponia de mi madre.

lunes, mayo 07, 2007

EL FORRO Y EL XOTE

El recinto del baile es un patio con suelo de arena rodeado de muros blancos y con un escenario solo con un acordeón y otros utensilios sobre las tablas. Laise nos da unas clases previas a mi y a karin (una chilena treintañera, pelirroja de ascendencia alemana y con aspecto celta) para bailar forro (pronunciese fogò). Sobre el papel, no parece muy complicado. Un, dos. Un dos. Bebemos esperando que vengan los artistas. Aunque somos pocos la diferencia entre sexos es evidente: hay unas 15 mujeres y 4 hombres.
Empieza la musica en vivo. Son tres hombres jovenes que ponen entusiasmo al asunto. Pregunto qué musica suena y se me informa que es xote (pronunciese sochi). Que es lo del Un, dos. Un, dos. Vale, contesto, pero y el forro? Lo mismo, pero más ligero. Que una cosa es undos, undos y el otro Un, dos. Un, dos.
A pesar de las clases previas la sensación es que estoy pisando hormigas. Van entrando más gente. La proporcion ahora debe ser de un hombre para cada tres o cuatro mujeres y ya no cambiará en el resto de la noche. Algunas van vestidas en plan guerrero y algunas en plan carpe diem. No es que hayan bellezas pero hay dos o tres que antes de acercarse a ellas convendria tomar el santo sacramento de la extremaución.
Pregunto cada vez que empieza una canción qué música es. A pesar de que la posibilidad es del 50% no consigo adivinarla ninguna. Es tan fácil de discriminar una de otra como las gramineas a 5 metros de distancia. Yo por eso sigo: Un, dos. Un dos. El día anterior anduve tres horas y media por la playa y no me cansé, ahora llevo unas cuantas canciones y me pesan las piernas. A pesar de que intento hacerlo lo mejor posible me descuento con el un dos, un dos. Seguro que tengo sangre judia, mozarabe, ibérica y posiblemente finlandesa, pero, joder, podría tener unas gotas negras para aquello del ritmo. Nani en polonia, afortunadamente, no se metio con mis capacidades bailongas. Ana maria en perú me pedia que bailase con ella, al final un día abrumado por los remordimientos y resblandecido por el alcohol cedí. Su valoración final fue: Bailas con personalidad. Sin comentarios.
Hay un extranjero joven, alto, rubio, con el pelo corto, bien plantado y con una camisa de manga larga beig. Al lado tiene un grupo de jovencitas. Estas, una por una, se irán turnando en entablar conversación con el mozo. Cada una dura unos 10 minutos, luego viene otra. Si hacemos caso del lenguaje corporal ellas están por él y él se muestra amigable pero no traga. Un dos, un dos. Ya lo he contado en otra parte de este blog. Debería haber aprovechado más el tiempo y haber acudido más a las discotecas.
Entra un joven extranjero con gafas de plástico grueso oscuro y una camiseta verdegrisácea del che. Camina, mira y saluda a todo el mundo (incluyendome a mi) con inseguridad. Una mujer, de las más maduras del lugar, con vestido negro y con la sonrisa sonriente se le acerca y le habla.
Yo me quejo de mi falta de capacidad para el baile, karin lo achaca a que no libero el chacra de la cadera. Será eso. Un dos, un dos. Giovani, un cuarentón florentino que lleva 14 años viviendo en sao paolo se acerca a primera línea de fuego. Tiene la apariencia elegante y aristocrática de algunos italianos. Pelo largo canoso y una barba reducida. Con el vaso en la mano, erguído, observa discretamente a karin. Pero esta no está por la labor. Ella quiere lo que quiere mari carmen: encebollarse, un verbo maravilloso que significa que su pareja tenga todas las capas necesarias: amante, compañero, amigo... la leche, vamos.
El de la camiseta del che está bailando con la señora madura y mira el suelo, como yo, contando los pasos. Un dos, un dos.
Uno del lugar, bajito, piel curtida, ancho de espaldas, paticorto, con unos gemelos hiperdesarrollados y un sombrero de punto con los colores jamaicanos baila con una gracia impresionante. Da vueltas con su pareja que lo sigue como si fueran uno. Su pareja baila como abstraida pero se nota que disfrutan. Me quedo tan embelesado mirandolos que vuelvo a perder por enésima vez los pasos.
La mayoria de gente baila descalza. Los del lugar bailan muy bien. De vez en cuando levantan una pierna, alzando un poco de arena, marcação do passos. La diferencia entre los locales y los extranjeros es que estos, si no estamos contando, están tiesos como un estaquirote. Bueno, hay uno que no. Un europeo delgado con aires de que la vida son cuatro días y que me quiten lo bailado baila con una de las de extremaución (la vida se le van a convertir en tres). Hace trampa, baila pasos que habrá aprendido en alguna discoteca, pero el resultado es que se mueve. Y disfruta.
Cuando ya hemos acabado y regresamos al hotel, laise me da un 7 de puntuacion. Si eso no es una declaración de amor...

martes, abril 17, 2007

EL SEXO DE LOS PECES

Me acerco a la feria de la recerca en directe que organiza el parque científico de barcelona. Su objetivo es poner en contacto al público con la ciencia. Yo soy público, tengo tiempo para el contacto y me fascina el conocimiento que se obtiene a través del método cientifico. Sobre todo en estos tiempos que corren que como dice pau: muerto marx, muerto dios, viva las flores de bach. Tiempos donde en el fnac o en cualquier libreria los lineales de lo esoterico avanzan en detrimento de los libros de divulgación científica. En pleno siglo XXI solo se puede llorar para que volvamos al pasado, a la ilustracion, al siglo de la luces.
Pero vayamos a la feria. En el primer stand se puede ver como funciona un polisomnograma y te puedes poner una máscara CPAP para evitar las apneas. Comparadas con la que utilizaba mi madre esta parece una mezcla de misión imposible y vinçon. Del tema ya hice el master. Y las prácticas. Paso.
En otro una joven, alta, guapa y resuelta le está preguntando retoricamente a un hombre de barba y cabello denso y canoso si los peces sufren dolor. No está claro, se autoresponde. Algunos dicen que si (investigadores escoceses) y otros que no (norteamericanos) ella se expande en las perrerias que hacen a los pobres peces para poder discenirlo. El hombre hace preguntas: si la ciencia no está demasiado compartimentada; si los genes lo marcan todo o si es el ambiente... que cómo se llama. La joven contesta a todo como si toda su vida se hubiera dedicado a esto (igual es que todo el mundo le pregunta lo mismo): que los genes pueden activarse o no hacerlo dependiendo del ambiente; que a veces los investigadores no comparten información ya que hay poco dinero y muchos proyectos de invetigacion; que los peces no tienen el córtex que tenemos nosotros y por lo tanto su sistema nervioso no es igual que el nuestro en cuanto a las percepciones... que se llama laia.
En la siguiente parada el letrero es provocador: el sexe dels peixos, una de las mozas (joven, alta, guapa aunque menos resuelta que la anterior) me saluda y me pregunta, como un anzuelo para atraer a los paseantes (un buen símil, siento decirlo) si puedo diferenciar el sexo de dos fotos de lubinas que me muestra. Le respondo que no, que a veces tengo dificultades incluso para diferenciar el sexo de las personas. Ella sonrie sin saber muy bien que debe responder. Se sobrepone y dice que es normal que no sepa distinguirlos, que hay que abrir a los peces para saberlo, excepto a los de los arecifes que con sus colores se distinguen. Me muestra otra foto donde las dos lubinas estan cortadas por la mitad, me señala que aquellas cosas, son los testículos y las otras los ovarios, yo lo miro y no lo pongo en duda. Ella me muestra dos frascos donde estan en muerto y en directo los órganos de las fotos. La verdad, muchos huevos no tienen los lubinos. Me pregunta que por qué creo que se interesa ellas en investigar el sexo de los peces. Estoy a punto de contestarle que por que son unas guarras, pero no lo digo y hago el gesto de que no tengo ni idea. Me cuenta que las lubinas hembras son más grandes y que por eso a la industria le interesa tener más hembras que machos de cara a la producción. Me pregunta si sé como se pueden modificar los sexos de los peces, le contesto que con pesticidas y productos químicos. Y por la orina de las mujeres que toman anticoceptivos ya que su pipi va a los rios lleno de hormonas. Sonrie dandome la razón pero... no, no es esa la respuesta correcta, ya que con eso solo consiguen que los peces acaben teniendo dos sexos y se vuelvan estériles. La respuesta correcta es disminuir o aumentar la temperatura cuando son alevines, a mas frío más hembras y a mayor temperatura más machos. Por un instante me imagino haciendo lo mismo con los niños, cariño: mete el pescado en la nevera y de paso saca a la niña del congelador, que tiene que que ir a la escuela. O ya que haces unos canalones aprovecha y metes al niño un ratito en el microondas, que hay que ahorrar energia. No me atrevo a confesarle mis pensamientos a esta chica que me está enseñando más gráficas y más cosas. Creo que ya he tenido suficiente contacto con la ciencia, me despido y me voy.

sábado, marzo 10, 2007

ESTAR

Uno esta bien en un lugar cuando no quiere estar en otro. De noche en la plaza de Alter do Chão, escuchando cigarras y ranas. Hay dos hombres sentados en una mesa lejana, otro pequeño grupo más allá. De vez en cuando pasa algún coche. De vez en cuando se oye el ruido de un mango maduro que cae. Es el único riesgo: que te caiga un mango en la cabeza. Estamos en la terraza de un restaurant. Bebemos una caipirinha mientras llega la cena. Ahora se oye de fondo djavan y su canción õceano o bebado equilibrista de Simone/Tom Jobien que laise acompaña en voz baja. O uno está en la cama de este hotel pequeño, claro, acogedor, con la ventana abierta y viendo y escuchando llover sobre el pequeño patio interior. Somos los únicos huéspedes y hace poco que ha amanecido. Saboreo el café o manha que tomaré en breve (hay pocos hoteles que hagan un desayuno diferente y sabroso). O en la playa de arena blanca, está anocheciendo, y en el cielo y aparece primero el lucero del alba, Venus, y poco después estrellas que van conformando constelaciones, algunas conocidas y otras no. Uno da unas brazadas y cuando entra agua en la boca, la lengua no entiende que no sea salada. El agua está tranquila. Como uno mismo. En el viaje uno se ve reflejado en los ojos de desconocidos. A veces la imagen que te devuelven es amable, otras desagradable y siempre eres tú. Cuando pasas un tiempo con una persona te comportas diferente. Como si te amoldaras a ella. Con algunas te vuelves niño, con otras prudente. Con Laise me siento simplemente bien. Como más Hilario, si eso puede tener algún significado. Quizás el idioma es un falso amigo. Al tener dificultades con el idioma dejo de un lado el Big Bang, el ADN mitocondrial y a Quevedo y hablo solo de cosas pequeñas e importantes. Cuando uno está bien en un lugar no quiere marcharse de allí.

miércoles, febrero 21, 2007

CARNAVAL


Es el último día do carnaval. Desde la mañana se ven a los camiones depositando heladeras y cajas y cajas y cajas de cerveza. Cuando llega la hora, se pone a llover, como lo hace en los trópicos, todo el agua del mundo encima tuyo. Me resguardo en un ciber (los ciber en mi viaje es mi vientre materno, me da cobijo y tiene el cordón umbilical con el que puedo conectar con el exterior, con mi mundo). Pasa una hora. Llueve ligeramente. La gente ha bajado al malecón de la ribera y espera que pase la rua. Me siento en una terraza y pido algo para comer y un suco. Debo ser el primer consumidor de sucos de la zona. Beba los que me beba siempre tengo sed y siempre hay un fruto que no conozco. La tan cacareada sensualidad de los brasileiros existe. La gente, hombres, mujeres, te miran a los ojos y no los apartan, casi siempre hay una sonrisa. Todos bailan, niños y mayores. Una niña que tiene 6 años mueve la cadera y sigue el ritmo como si toda su vida fuese en ello. Una de las agrupaciones lleva una muñeca de 5 metros de alta, es rubia y con unas tetas y un bunda adecuadas a su condición de mito erótico. Solo se le mueve la cabeza, un brazo y una mano. Y esta se pasea por su bajo vientre de una manera pretendidamente voluptuosa. Delante de todos van las jóvenes más atractivas o que bailan mejor, pero en tercera o cuarta fila van niñas de 10 u 11 años. Casi todas las bailarinas simulan esa masturbación pública. Nadie se escandaliza. Todos participan. Una niña de unos nueve años baila conmigo. Si en una discoteca me siento patoso, delante de toda esta gente que baila tan bien y con tanta alegría ni te cuento como me siento. No hay una zona especial donde se hace el recorrido como en río, aquí es en la calle, no hay diferencia entre los que están dentro de las agrupaciones y los que están fuera. Ni siquiera el vestido marca la diferencia. Me regalan una cinta de una agrupación para que me la ponga en la frente. La policía, en grupos de cinco, va arrestando de vez en cuando a alguno, lo hace sin miramientos, la gente aplaude o silva cuando se llevan a alguien, no sé si lo hacen a los detenidos o a los detenedores. Pasa el camión donde están los músicos. Los altavoces son tan potentes que cuando se me acerca noto las vibraciones hasta en los helicobacter pilori que llevo en el duodeno. La gente lo sigue cantando y bailando. Me situo al lado a ver pasar la siguiente comitiva. Un grupo de jóvenes viene hacia donde estoy. El chico está discutiendo con una joven, el resto se pone de parte del chico. Son 5 mujeres y un hombre. Todas son jovencitas, excepto una que podría ser más la abuela que la madre de los demás. Hay una embarazada de 7 u 8 meses. Su cara es tan infantil que si no fuera por su vientre prominente y sus senos cargados podría pasar por una niña. Una niña que aún no sabe lo de las flores, los pólenes y las abejas. Una de las chicas me saluda, la devuelvo el saludo. Me invitan a beber de una botella donde hay un líquido de color amarillento oscuro. Es cachaça con noséque más. Me ofrecen plátano frito. La chica, debe tener unos 18 años como máximo, parece interesarse en mi. Es redonda en las formas y siempre sonríe. Me dice que se ha acabado la cachaça, si tengo dinero para comprar más. Digo que bueno, me coge de la mano y me lleva a un vendedor ambulante que vende cachaça, dos botellas por el precio que no llega a un euro. La chica me lleva de vuelta con los demás, por el camino se dedica a entrelazar sus dedos con los mios. Me saca a bailar. La verdad es que no me apetece mucho, pero pienso que si no bailo ahora que estoy en Brasil y en carnaval no sé cuando lo haré, así que bailo con ella. Ella me lleva muy bien, corrige mis errores como una profesional de la enseñanza del baile, me dice cuando he de levantar las manos o cuando he de dar un paso. En los acercamientos aprieta sus senos o sus nalgas contra mí. Me pregunta si me gusta Santarem. Le digo que si. Me pregunta si me gusta ella. Le digo que si, que es guapa, pero que es muy joven para mí. Me dice que tiene 21 años, no la creo pero le digo que aún así es muy joven para mí. Me dice que es mayor de edad y que en Brasil desde los 15 se puede hacer. Sonrío negando. Me pregunta que edad tengo, me pregunta si tengo 41, no, le contesto, 45, más. Me dice que luego podríamos ir para allá, y me señala fuera de la plaza y si llevo camisinha. Me pregunta si sé lo que es una camisinha. Le digo que si que lo sé, pero que me voy a ir. Me pregunta si podemos comprar una bolsa de plátanos fritos, le digo que si. Compramos dos bolsas por menos de un euro, quiere que me quede una pero le doy las dos. El joven se acerca. Dice que es su primo. Me dice que su prima es muy guapa y esta muy bien, como si fuese una conversacion entre dos hombres y ella no estuviera delante. Me dice que tengo muy buen ojo eligiendo mujeres. Le digo que obrigado y me despido del proxeneta. Ella hace un último intento, me presenta a todo el grupo. La mujer mayor parece como si quisiera decirme algo, las demás están entre la expectativa o el aburrimiento. Sonrío y me despido con la mano. Tengo ganas de beber una cerveza.

lunes, febrero 19, 2007

INTERACTUANDO CON EL NATIVO

Estoy en la cubierta superior del Golfinho do mar rumbo a Santarem. Un grupo me invita a que me siente con ellos. Son cuatro hombres y dos mujeres, tienen entre veintimuchos y treinta y pocos. En su mesa hay una botella de whisky casi vacía, una botella de coca cola de un litro también casi finiquitada y latas de cervezas. Me ofrecen beber. Lo agradezco pero declino la invitación. Uno no conoce a la gente si solo la ha tratado borracha y estos, los varones, están algo más que ligeramente alcoholizados. El que parece el líder, un moreno corpulento y con cabeza a lo neandertal (arcos superciliares grandes y pómulos y mandíbulas prominentes) pero con modales muy suaves me presenta al grupo. Son de Manaos y van a Óbidos a celebrar el carnaval. Unos son de allí y han invitado al resto a ir. Al final acepto una cerveza que ya me han puesto en la mano cuatro veces. Roger tiene pinta de estibador y se niega a creer que no conozca Óbidos y proclama en voz más que alta, para que se entere medio amazonas, que debo ir. Que estoy invitado a su casa. Agradezco la invitación. Todos los que tienen casa en Óbidos me ofrecen la suya. Y yo se lo agradezco uno a uno. Me preguntan por jugadores de futbol brasileños que juegan en España. No conozco a ninguno. El estibador me dice un nombre una y otra vez. No se cree que no lo conozca. Al final me lo escribe en casi 20 cm de papel con una letra casi ilegible: Ronaldinho Gaucho. Hago una señal de asentimiento, lo conozco. Ah! Ronaldinho, digo con una entonación que no es la de ellos. Me miran como si a pesar de todo no fuese tan tonto como parezco. Johan, el neandertal, se besa con Rosana. Lo hacen con tanto deleite y de manera tan dulce que uno se quedaría mirándolos simplemente por el placer de verlos. No se tocan más que con los labios y la lengua y mantienen los ojos cerrados y una sonrisa que se adivina. No buscan excitarse ni aparentar algo, simplemente se besan (último lector, por favor, di que te recuerda esto al capítulo 11 de rayuela). Creo que hace más de 20 años que no beso ni me besan así. Ana María tiene más razón que un santo cuando dice que besamos y tocamos mecánicamente. Igual es por la tensión del primer beso, como lo narra Woody Allen, cuando le pide a la chica en la primera cita que se besen antes de ir al cine y de ir a cenar, así la preocupación por tener que llegar a ese momento desaparecerá y podrá disfrutar de la velada. Les pregunto si hace mucho que son pareja, no puede ser que se den esos besos después de 10 años de casados. No, se acaban de conocer hace unas horas. Se besan sin disimulo delante del hijo de 10 años de ella y de su hermano y de su prima, de sus amigos y de desconocidos. Es un beso tan natural y el mismo tiempo tan placentero que no puede haber nada malo en ello. Pienso en las parejas que conozco separadas que no solamente no se besan delante de sus hijos sino que encima quieren hacerles creer que no salen con quienes salen. Johan dice que no son pareja que aún están en la fase de conocerse, que los besos son para conocerse. Vaya con el neandertal, esto es filosofía y no Kant. De todas maneras con mi cámara digital y el efecto del alcohol en sangre no existe el aburrimiento. Hacemos fotos de todos tipos y de todas las poses. Yo con cada uno de ellos, con la camiseta de los equipos de fútbol, con gestos, por grupos... Ha pasado algo que no entiendo, Johan me pide disculpas a mí y a cada uno de los miembros del grupo. Pregunto qué ¿por qué? Resulta que ha tenido un mal gesto con alguien de fuera del grupo y eso no puede ser. Así que me pide disculpas. Le disculpamos todos. Van cayendo las cervezas, los del bar deben estar haciendo el agosto. Johan habla con su nuevo cuñado, Filipo, que acaba de conocer, y le dice que es formidable. Me mira y también me incluye en esta categoría. Coge la mano del otro y se la besa como si fuera una damisela. Luego me la coge a mí y repite lo mismo. Me mira y me dice que nao hay que avergonzarse por besar a un hombre, me lo dice muy serio para que no tenga dudas y me vuelve a besar el dorso de la mano. Yo también se la beso. Será por besos. Roger, el estibador está tirando los tejos (y el tejado entero) a Lorena, una morena pequeña y risueña, pero esta no está por la labor e incluso se hace la dormida. En un momento dado, Lorena, se cambia de asiento con Rosana y se sienta al lado de Paulo, un joven largo y delgado que cambia de camiseta de manera frenética (en poco más de tres horas se habrá puesto la del Flamingo, la del Ronaldo del Real Madrid y un par de camisetas de carnaval). A los pocos segundos se están besando dulcemente. ¿Enseñan a besar en las escuelas? Roger está molesto, lo noto yo más que el mismo. Dice algo a unas chicas que están sentadas al lado. No parece grosero pero Johan y Filipo le llaman la atención de manera amigable pero contundente: que se controle. Me hacen un gesto y se disculpan, esta bevedo. Al grupo se le añaden nuevas personas que se saludan como si se conocieran. Roberto está entusiasmado de que yo vaya a Óbidos, aparte de eso no nos entendemos en nada, pero cada vez que me mira me sonríe y hace un gesto con el pulgar levantado en señal de tudo bem. Otro Paulo es negro y sordo, se comunica con gestos, pruebo a comunicarme con el lenguaje de signos catalán, y para mi sorpresa hay muchos signos parecidos, vamos comparando unos y otros. Al final me es más fácil comunicarme con él que con la mayoría. Roger concentra su atención en mí y en las cervezas, ahora que ya hace tiempo que se ha acabado el whisky. Vuelve al tema de la invitación, dice que vaya a su casa, a Óbidos, todo gratis, que me enseñara esto y lo otro. Habla tan rápido que no le entiendo, y él esta tan bevedo o tiene tan poca empatía que no se da cuenta. De repente me está diciendo algo: buceta, y como ve que pongo cara de no entender me lo repite varias veces, es moito sabrosa, y conseguirá para él y para mí. Le pregunto a la chica de al lado qué es. Se ríe, empiezo a sospechar que no es comida. Filipo me hace un gesto universal y entiendo. Coño. Me hacen un listado de sinónimos ya que consideran obligación enseñar al que no sabe: xiri, grelo, xona, pinguelo, xoxota, piriquito, xerica... Intento pronunciarlas en voz alta para corregir la entonación pero las chicas me piden que baje la voz mientras los hombres se ríen. Igual que en todas partes. El estibador se está poniendo algo violento. En un momento dado pone cara de maorí segundos antes de atacar. Sé que es un juego, así que le miro a los ojos fijamente y sonrío. He pasado la prueba. Chocamos las palmas de las manos y después los puños como señal de buena onda. Cada vez da más fuerte las palmadas, así que en una ocasión le hurto la mano; si según la teoría del caos el aleteo de una mariposa en New York puede producir un tifón en Hong Kong, el aire que desplaza Roger con su mano producirá la séptima y definitiva extinción en este planeta. Después de no sé cuantas cervezas y ya de noche me levanto, las dos parejas están por lo que están y los demás están en otro mundo, así que bajo a mi hamaca. Mañana será otro día. Además uno no conoce realmente a la gente hasta que no la ha visto borracha.

viernes, febrero 16, 2007

COSAS QUE PASAN EN LOS VIAJES

Acabo de cenar un pescado enorme, y me he bebido casi tres cuartos de litro de cerveza antártica. Voy por una calle que de repente se ha vuelto solitaria en busca de una choperia que recomienda el lonely planet. Un adolescente que me llega por la nariz me pregunta la hora. Se la digo. El chaval vuelve, parece que no lo ha entendido. Le muestro el reloj para que la pueda leer. El chaval, tengo la sensación, que se demora mirando el reloj, me coge del brazo como si buscase la distancia adecuada para mirar la hora. También mira detrás suyo. Hay dos jóvenes mayores que vienen hacia mi. Entiendo que me quieren robar. Cojo el brazo del chaval y lo lanzo a la calzada mientras oigo una voz que grita y que me suena familiar: hijo de puta. Soy yo. El chaval ha salido lanzado y ha perdido el equilibrio y una chancleta, yo voy a por el segundo. Senyal de que estoy borracho o de que el pescado no me sienta bien. El otro sale corriendo, y el tercero duda, pero también se va, sin correr pero con paso rápido. Con dignidad. Yo estoy con tan poco sentido común que les sigo calle abajo. Hasta que algo llama a mi cerebro, creo que una conexión sináptica, y me dice que me de media vuelta.

domingo, febrero 04, 2007

LA SELVA

Uno no acaba de entender porque ha pagado más dinero por estar en la selva que en cualquier de los hoteles de más lujo que ha pasado en los últimos 7 meses. Si uno lo analiza no tiene mucho sentido. A pesar de mi camiseta de manga larga y mi repelente, los mosquitos han atravesado todas las barreras físicas y químicas. Si alguien ve mi espalda debe pensar que: 1) se ha pasado 4 días al aire libre sin tomar medidas, 2) tiene un sarpullido producido por comer marisco en mal estado, 3) se ha grabado la biblia en plan braille. Debería buscar a algún ciego a ver si tiene sentido tanto punto.
El guía (al final uno contrata a un guía que será su único compañero en la selva) pregunta a uno si quiere cazar lagartos (cocodrilos), pumas, anacondas... Uno pregunta si no estamos en una reserva y está prohibido cazar. Uno aclara que no quiere cazar nada, que si tienen que cazar muy bien, allá ellos, pero que uno a lo que aspira es a ver bichos, aunque sea a lo lejos, orquídeas, la victoria regia... uno es de fácil conformar. Si puede ser tambien uno desearía volver con todos los dedos. Son recuerdos de familia.
Uno en las largas noches, (por que esa es otra, uno se levanta con la luz, a las 5 y media y se acuesta casi cuando se va la luz, a las 6 y media, ni en los monasterios) en el calor de la conversación y mientras mata mosquitos, oye las leyendas de la selva. Ya no se oye aquello de que los bufeos (delfines rosas del amazonas) se convierten en jóvenes superatractivos y seducen a las mozas de las riberas que luego quedan embarazadas. Tampoco se oye que antiguamente las estrellas molestaban a todos los animales de la selva y que desterraron a las hembras al cielo. Aquí quedaron los machos (luciérnagas) y que cuando hay una estrella fugaz estas se quedan mirando a ver si ven a su antiguo amor. No, ahora las leyendas que se tejen son: la de john, un inglés que a los pocos días de estar en la selva se cansó, dio 100 dólares de propina al guía y se fue. O la del judio que no quería pagar porque no había visto ningún animal suficientemente cerca como para tocarlo. Al final alquilaron un perezoso y lo pusieron en un lugar cerca de iquitos, el guía hizo la comedia: huelo a perezoso, al final vio (y tocó) al perezoso y el judio pagó. O la turista que compartió mosquitera con un guía pero que al día siguiente le denuncio, perdiendo este el trabajo. Vale, no son gran cosa, pero dadles 200 años y ya veremos en que se convierten.
A uno le enseñan y le nombran tantos tipos de plantas y animales que empieza a confundirlos. Le enseñan un jardín donde hay una selección de plantas medicinales que parece que sirve para todo. Uno desconfia de tanta prodigalidad sanitaria, sobre todo, cuando el guía una hora más tarde, le pide si ha traido alguna medicina, que tiene problemas de estómago. Claro que no solo de plantas medicinales se cura el hombre. También están las chamánicas. Por ejemplo el ficus estrangulador, que se llama así por que va acabando estrangulando y matando al árbol sobre el que se ha aposentado. Aquí lo llaman renaco. Si le das a un chamán 200 soles (unos 50 euros) y una foto de la persona que no te hace caso, lo junta con algo de la energía del árbol y, pues nada, que al poco tiempo la/lo tienes encima como el estrangulador. No, el guía no lo ha probado, pero tiene dos amigos que si, y que les funcionó. Preguntas: 1) valen fotos tipo carnet? 2) hacen descuento si se traen más de 5 fotos? 3) aceptan visa?
Uno al final ha visto orquídeas (le ha enseñado al guía a distinguirlas) ha visto un montón de bichos y a pesar de que se ha negado todo lo que ha podido, ha degustado algún animalito que le caia simpático, como el armadillo. También ha visto, y ha tocado, la victoria regia, el nenúfar más grande del mundo (llevaba tiempo detrás de ella, solo me falta para la cole la rafflesia arnoldii). Ha navegado por rios solitarios y se ha asombrado por casi todo. Uno ha llegado a iquitos y le parece new york. Uno sigue sin entender porque ha pagado tanto dinero, pero piensa que está bien gastado.