En el barco había dos jóvenes rubios, altos, con el pelo corto y con ropas estrafalarias (pantalones de pana, sombreros de fieltro, camisa con corbata... Esto a unos pasos del ecuador. Uno piensa que es carnaval, luego piensa en que deben pertenecer a un grupo religioso que huyó de Europa en el siglo XVIII y que debe estar asentado en alguna comunidad perdida. Pues no. Son alemanes, uno es carpintero y el otro trabaja la piedra. Cuando acabaron su aprendizaje y siguiendo una antigua tradición gremial se fueron tres años y un día fuera de su país para aprender técnicas nuevas en otras partes del mundo. Se fueron con esas ropas y sin un duro. Llevan más de 2 años y por lo visto están cansados y desearían volver a Alemania, pero aún les queda. Ahora van a una comunidad alemana cerca de manaos donde trabajaran un tiempo. Ya han estado en sudafrica, Asia...
El otro día hablando con una carioca sobre comidas me habló de la paella. Me dio un ataque de nostalgia gastronómica. Últimamente cuando paro, como en leticia, como en santarem, me siento nostálgico, pero ayer recibí un mensaje de unos amigotes madrileños, jose y tatiana, que llevan 6 meses viajando y ya se vuelven a casa. Me dijeron que estaban cansados de viajar. Y me di cuenta de que lo que yo llamo nostalgia hay una parte que también es cansancio. Joder lo que cuesta encontrar las palabras.
Uno hace un año sabático para romper rutinas, pero lo que aprende es que viajar, aunque sea a salto de mata, también es una rutina. Curioso, no?