Subí en un avión pequeño, una docena de pasajeros como máximo. Estábamos en el aeropuerto de
LaGuardia en
New York y el vuelo iba a
Boston. Mi inglés nunca ha sido mucho mejor que mi coreano. A pesar de ello entendí
perfectamente la
regañina que me pegó la azafata (alta y de mediana edad) por que había dejado mi pequeña mochila en el suelo (no cabía en ningún otro sitio).
Despegamos.
Al cabo de un tiempo indeterminado el comandante (o el almirante o el oficial al mando) dijo algo por los altavoces, entendí Boston.
Bajamos todos.
Me dirigí a la salida.
No era un aeropuerto muy grande.
Pregunté cuándo salía el próximo autobús a la ciudad. Faltaba al menos media hora.
Sentado en un banco algo me vino a la cabeza.
¿Era Boston?
No había nadie por allí.
Fui a una tienda y miré las postales. Todas hablaban de Providence.
Fui a una oficina de información e hice la pregunta del millón: Sorry, Where are we ? quizás pregunté: ¿Cómo se llama esto? o quizás ¿Onde estamos?
El joven, dudo que le pregunten estas cosas frecuentemente, me contestó concisamente: Providence.
Asumí la poca dedicación y el poco interés que había puesto en el aprendizaje del idioma.
Tampoco era un problema. Tenía un tipo de pasaje que podía volar con todos los aviones de Delta Airlines.
Volví dentro y me dirigí al mostrador.
Pedí un vuelo para Boston, la señorita me preguntó si había venido en el de New York. Yes, le contesté imitando el acento de upper west side, para disimular el motivo del error.
Me condujo hacia un despacho. Los viajeros con los que había viajado estaban allí, enfadados, muy enfadados, gritando a los empleados. Estos aguantaban el chaparrón como podían.
Entendí que algunos de los pasajeros iban a perder un vuelo importante y que los pilotos habían desaparecido con la avioneta.
Nos metieron en una limusina y nos condujeron hacia Boston. Una señora de unos cincuenta años y con un acento horroroso intentó conversar conmigo, yo estaba interesado en saber que había pasado. Que yo entendiese que era la parada final era comprensible, pero ¿y los otros?, ¿los pilotos se habían habían bajado borrachos y se habían estrellado contra un camión? ¿Habían sido abducidos por unos señores de piel verde?¿Se habían ido de juerga con la avioneta y con la azafata desagradable a Hawai?... No conseguí averiguarlo.
Llegamos a Boston y nos despedimos.
Uno de los misterios de la vida.