lunes, febrero 27, 2012
viernes, febrero 24, 2012
domingo, febrero 19, 2012
BOTÁNICA Y LITERATURA (5)
mucho más que a sus muertos, pues éstos se renuevan,
mientras que las plantas y las zarzas son siempre las
mismas".
Propietarios
Cesare Pavese
Vale que la licencia poética es un derecho pero la realidad es que el paisaje cambia casi cada día. Hace años trabajaba en una escuela en medio del campo. Tenía una hora para comer, lo hacía rápidamente y luego salia al campo. Dos veces por semana durante unos años. Cogía un camino de unos 300 metros que llegaba a una riera, allí recorría unos 400 metros más lentamente y luego otra vez por otro camino sin asfaltar y rodeado de campos de cultivo de vuelta al trabajo. Tardaba unos 30-40 minutos (una vez un amigo enamorado de la botánica se pasó seis horas para hacer el mismo recorrido).
Cada vez era diferente. Ahora que estamos en febrero, recuerdo que primero salían las violetas; las Barlia robertiana, la orquídea más grande de Cataluña; después venían las borrajas que tanto gustan a las abejas y a los aragoneses; las Orchis sphegodes las primeras orquídeas que me dejaron boquiabierto; las magníficas Orchis lutea; la Anagalis pyramidalis; las Daucus carota cuya raíz huele a zanahoria; un inmigrante chino infiltrado en medio de la riera: Ailanthus altissima; los fragantes Alyssum maritima, con aroma de miel; olmos autóctonos infantiles; los robles con sus hojas verde esperanza a los pocos días de salir; el genero rubus (las zarzas que menciona Cesare) de las cuales nunca distingo la especie; las monedas del Papa (Lunaria annua) ...
Iban emergiendo, floreciendo y desapareciendo en una rueda continua, permanente y predecible.
No, realmente las plantas y las zarzas no son las mismas.
Nunca.
domingo, febrero 12, 2012
IDIOMAS QUE SE HABLAN EN BARCELONA
-¿Qué idiomas se hablan en Barcelona?
Un niño contesta que castellano.
La presentadora insiste para que digan otro más.
Mi hija levanta la mano y responde:
-Portugués.
jueves, febrero 09, 2012
ERRORES BOTÁNICOS Y LITERATURA (8)
—¡No y no!—dijo Cosimo, y rechazó el plato.
—¡Fuera de esta mesa! —Pero ya Cosimo nos había dado la espalda a todos y estaba saliendo de la sala—. ¿Adónde vas? —Lo veíamos por la puerta de cristales mientras en el vestíbulo cogía su tricornio y su espadín.
—¡Yo lo sé!—Corrió al jardín.
—¡Vorsicht! ¡Vorsicht! ¡Se va a caer, pobrecillo!—exclamó llena de angustia nuestra madre, que nos habría visto de buen grado cargando bajo los cañonazos, pero a la que preocupaba cualquiera de nuestros juegos. Cosimo subió hasta la horqueta de una gruesa rama donde podía estar cómodo, y se sentó allí, con las piernas colgantes, los brazos cruzados con las manos bajo los sobacos, la cabeza hundida entre los hombros, el tricornio calado sobre la frente. Nuestro padre se asomó al alféizar.
—¡Cuando te canses de estar ahí cambiarás de idea! —le gritó.
—¡Nunca cambiaré de idea! —dijo mi hermano, desde la rama.
—¡Ya verás en cuanto bajes!
—¡No bajaré nunca! —Y mantuvo su palabra. "
Italo Calvino
Volví a releer El Barón Rampante en una edición bien cuidada de Siruela (traducción de Esther Benítez) y me rechinó un poco que Cosimo suba a su primer árbol, un acebo (Ilex aquifolium). El motivo es que el acebo es un arbusto (aunque puede llegar en excepcionales ocasiones a los 5 o 6 metros) pero aun así no tiene gruesas ramas donde encaramarse. En otras ediciones encontré en cambio que era una encina (Quercus ilex) que sí posee las características que se mencionan en el libro. Así que el problema debía de estar en la traducción.
Me puse en contacto con Laura Silvani que aparte de amiga es medio italiana y bióloga, y esto es lo que me contestó:
"En cuanto al Barone rampante, qué gracia me ha hecho tu pregunta. Tengo el original italiano aquí entre mis manos, porque en la escuela nos lo hicieron leer y he conservado muchos de los libros de lectura de entonces. Mira por dónde sesenta años más tarde me sirven para contestarle a un amigo. Qué bueno. En el original el autor habla de "elce" otro término para "leccio"; según el diccionario "quejigo" pero que a mí se me hace que es una encina. El nombre en latín según el diccionario: Quercus ilex."
También me contestó, mi lejana en lo geográfico que no en lo afectivo, Tieregarten, con casi los mismos datos:
"Te cuento que el texto original dice que se sube a un arbolito llamado "elce". En los diccionarios aparece como sinónimo de "leccio" y con origen en "Quercus ilex". [...] Rebuscando un poco me aparece la referencia a un textito de Achille Campanile "La quercia di Tasso" donde se habla del arbolito bajo el que Tasso descansaba y leía en su estancia romana. [...] Espero haberte sido útil y avisame si necesitas algo de esto: es muy divertido!"
Sí, doy fe de que es divertido. En fin, concretando, esta vez el error fue del traductor y no del autor, que dicho sea de paso narra con prodigalidad un vasto dominio del mundo arbóreo.
domingo, febrero 05, 2012
ERRORES BOTÁNICOS Y LITERATURA (7)
Adiós, muñeca
Raymond Chandler
lunes, enero 30, 2012
BOTÁNICA Y LITERATURA (4)
Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.
¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.
No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.
Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.
Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas en alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera también,
hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.
A UN OLMO SECO
Campos de Castilla
Antonio Machado
Volvemos a Antonio Machado. Escribió el poemario entre 1912-1917. La fecha es significativa ya que, si viviera hoy, se daría cuenta de que ya no quedan olmos centenarios en ninguna plaza central de los pueblos y de algunas ciudades como acostumbraba a ser tradición. Ni olmedas. A mediados de la década de los trienta entró en España la grafiosis del olmo una pandemia cuyo patógeno responsable es el hongo Ophiostoma ulmi. A principios de los setenta sobrevino una nueva especie de mayor virulencia denominada Ophiostoma novo-ulmi. Estas especies bloquean el movimiento de la savia por los vasos del árbol, lo que provoca el marchitamiento de las hojas, su defoliación y la muerte posterior. La enfermedad se transmite por unos coleópteros pertenecientes a la familia de los escolítidos, que portan consigo las esporas de los hongos y las introducen en el árbol durante su puesta.
O sea, que era un poema premonitorio. No es que hayan desaparecido los olmos autóctonos (Ulmus minor y Ulmus glabra) pero los que subsisten son ejemplares jóvenes que no llegan a la madurez (pueden vivir más de doscientos años). Además, ahora los jardineros municipales suelen cambiarlos por el Ulmus pumila, que es algo más resistente a la enfermedad.
Ya, pues, no hay olmos con los que se puedan hacer melena de campanas o yugos de carreta. Los que sobreviven, lo son por excepcionales medidas higiénicas como el Olmo del Jardin Bontánico de Madrid).
Los demás sólo deben de servir para hacer leña en alguna casa.
