Ir de tapas en Barcelona es siempre una especie de enga
ñifa, un quiero y no puedo, un sucedáneo. Y eso que parece que ya ha pasado la moda de las franquicias. De todas maneras, aunque no tiren la cerveza como en Madrid y las tapas no sean como dios manda, que bueno reencontrar el sabor del aceite de oliva, del jamón, del jamón canario, de los chocos, de los berberechos al vapor, de la morcilla de burgos, de las gambas al ajillo, de los boquerones en vinagre, de las olivas negras, de las patatas bravas, de las croquetas de bacalao...
lunes, agosto 06, 2007
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